Mostrando entradas con la etiqueta Madama Butterfly. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Madama Butterfly. Mostrar todas las entradas
miércoles, 18 de mayo de 2011
Galería de malvados (IV): Pinkerton
Ópera: Madama Butterfly, estrenada en 1904 en La Scala de Milán.
Autor: Giacomo Puccini, con libreto de los míticos Illica y Giacosa.
Gota: Según la RAE malo es aquel que carece de la bondad que debe tener según su naturaleza o destino. Si es así Pinkerton es, aunque no lo parezca, para cambiarse de acera al verlo venir. Puede que este marinerito americano, blanco y reluciente cual primera comunión, no sea el clásico malvado de manual, con restos de sangre entre los dientes, pero es un auténtico truhán, un ser ególatra y narcisista, sin sombra de empatía, y nulo para valorar las consecuencias de sus actos, de esos que circulan por la vida a lo Strauss-Kahn, como si estuvieran en un supermercado donde basta desear algo para ir y cogerlo. Y para acentuar su maldad, para hacer más grave la afrenta, Puccini coloca enfrente a Cio-Cio-San, a Madama Butterfly, una criaturita, poco más que una niña, tan tierna, tan inocente, tan ingenua, tan delicada, tan entregada… un imán para que la maldad inconsciente y egoísta de Pinkerton se pose sobre ella con resultados fatales. Todo ese egoísmo hedonista queda perfectamente expresado en este Dovunque al Mondo, en el que nuestro malo de hoy, alegre, ufano, presume de su forma de vivir sin pensar en las consecuencias. La peculiar versión que hemos elegido, una producción cinematográfica de Jean-Pierre Ponnelle, tiene interés musical (Karajan, Domingo) pese a su peculiar puesta en escena tan lejos del Nagasaki de principios del siglo XX , no se asusten.
miércoles, 27 de abril de 2011
Grandes coros (III): A bocca chiusa
Ópera: Madama Butterfly, estrenada en 1904 en La Scala de Milán.
Autor: Giacomo Puccini sobre un libreto de Illica y Giacosa.
Gota: Para crear un coro en el los cantantes no estén en escena y, además, no abran la boca en toda la interpretación, hay que ser muy valiente. Para que además ese coro se convierta en uno de los más sensibles, emotivos y refinados de la historia de la ópera, hay que ser Puccini. Es verdad que este Coro a bocca chiusa de Madama Butterfly pierde escuchado de manera aislada, pero funciona dramáticamente de manera tan extraordinaria, que en el contexto de la representación resulta sobrecogedor. Falso amor, ingenuidad, maltrato, mentira. Todo se disipa cuando el barco de su amado llega a puerto y Cio-Cio-San, segura de que sus penas han terminado, aguarda con su hijo en brazos a que pase la noche y la luz del alba le devuelva a su hombre. Y mientras el coro vibra, algo dentro de nosotros tiembla, porque intuimos que no es amor lo que trae el nuevo día.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)